Foro Repensar la CDMX: Mesa 1 y Mesa 2 del Programa Universitario de Estudios Metropolitanos
La primera mesa del foro «Repensar la CDMX», organizado por el Programa Universitario de Estudios Metropolitanos, reunió a académicas, expertas y vecinas en torno a una pregunta incómoda pero necesaria: ¿qué falló en la planeación de la Ciudad de México y cómo deberíamos reconstruirla?
El contexto le dio un peso especial a la conversación. La mesa se realizó justo después de que el Plan General de Desarrollo (PGD) y el Programa General de Ordenamiento Territorial (PGOT) fueran retirados temporalmente del proceso legislativo. En lugar de celebrar o lamentar la pausa, las ponentes hicieron algo más útil: aprovecharon el momento para diseccionar las fallas técnicas, metodológicas y de participación de ambos instrumentos, y para imaginar cómo sería empezar de nuevo, pero bien.
Esta es una relatoría de aquella jornada. Si prefieres verla completa, aquí puedes reproducir la mesa:
Video «Foro Repensar la CDMX. Mesa 1», Programa Universitario de Estudios Metropolitanos.
El desastre como planeación pendiente
La primera intervención puso el dedo en una herida que la ciudad prefiere no mirar: el riesgo sísmico de largo plazo. La ponente recordó que los grandes terremotos no son una rareza histórica, sino una cita pendiente. Sismos de magnitudes entre 8.4 y 8.6 —como el de San Sixto, en 1787— se repiten en México cada 400 o 500 años, lo que los convierte en una posibilidad real dentro de nuestro tiempo de vida.
De ahí pasó a desmontar uno de los mitos más peligrosos de la ciudad: la idea de que «si una construcción resistió el sismo de 1985, resistirá todo». La realidad es la contraria. Las estructuras sufren una fatiga constante por los sismos acumulados —en promedio, unos 20 temblores de magnitud mayor a 7 cada 40 años— y buena parte de las viviendas de uno a cuatro niveles está llegando al final de su vida útil.
Su crítica de fondo fue al enfoque mismo del programa: priorizar la viabilidad económica por encima de la vulnerabilidad física y social del territorio. La frase que resumió la mesa entera fue suya:
El desastre es la expresión máxima de la planeación que no hemos hecho.
Dicho de otro modo: el riesgo no es un accidente, es el síntoma de todo lo que la ciudad ha dejado de atender.
Derechos humanos, suelo y periferias olvidadas
La Dra. Anabel Monte Rubio, doctora en Sociología experta en política habitacional, revisó tres versiones del plan junto con organizaciones vecinales. Su diagnóstico fue tan claro como demoledor.
Una confusión de origen
El plan, dijo, parte de una confusión total entre «planeación» y «ordenamiento territorial», lo que le da un tratamiento puramente sectorial y desarticulado. A eso se suma una ausencia de fondo: a pesar de lo que manda la Constitución local, el programa no se vincula formalmente con las leyes de derechos sociales —vivienda, movilidad, seguridad, gestión de riesgos—.
De la progresividad a la regresividad
El resultado, advirtió, es que se viola el principio de progresividad: en lugar de mejorar la disponibilidad de suelo para vivienda social, el plan retrocede y margina a quienes no pueden pagar, en un enfoque que calificó de discriminatorio.
La línea que parte la ciudad
Su denuncia más dura apuntó al suelo de conservación y a las periferias. Expuso casos reales —como Lomas de la Era o Chamontoya— donde, apenas cruzada la línea que separa el suelo urbano del de conservación, las familias viven en pendientes enormes, sin escuelas, hospitales ni transporte público accesible. Frente a la presión inmobiliaria, recordó, son los pueblos originarios quienes defienden con firmeza el suelo rural para evitar que los desarrolladores sigan comprando y devastando la tierra.
Cerró cuestionando la simulación institucional: ofrecer una «Carta por el derecho a la ciudad» suena bien, pero no sustituye lo que de verdad hace falta: mecanismos jurídicos reales y exigibles para reclamar derechos básicos.
El agua no entiende de fronteras administrativas
La Mtra. Sánchez, coordinadora en proyectos hídricos y resiliencia, aportó la mirada ambiental con una premisa simple: el agua no obedece a límites político-administrativos. Por eso el reto de la CDMX exige pensar en clave de cuenca metropolitana, sobre todo si se considera que cerca del 40% del agua de la ciudad proviene de fuentes externas.
Su llamado fue a planear con escenarios climáticos cambiantes, anticipando una ciudad que sufre inundaciones severas durante unos meses y sequías extremas el resto del año. Pero señaló un obstáculo previo a cualquier solución: las bases de datos de las distintas instituciones y de la academia muchas veces no coinciden ni están actualizadas.
De ahí su reto pendiente más político: traducir la complejidad técnica a un lenguaje ciudadano. Sin esa traducción, dijo, no hay conciencia hídrica posible ni participación real.
La voz del territorio
La sesión de preguntas llevó la discusión del diagnóstico técnico a la política cotidiana, con dos voces que marcaron el tono.
«Es la tercera vez que fracasa»
Un representante de los pueblos originarios de la cuenca del Anáhuac recordó que esta es la tercera ocasión en que el Instituto de Planeación Democrática y Prospectiva (IPDP) fracasa al intentar imponer el plan. Denunció «viejas prácticas» de simulación: consultas amañadas o realizadas a escondidas con liderazgos cooptados, para fingir que los pueblos avalaron un proyecto que —acusó— termina beneficiando a intereses inmobiliarios.
Querer construir bien, sin apoyo para hacerlo
Una vecina de un asentamiento humano describió el desamparo técnico que viven muchas familias. El mensaje fue desarmante: la gente de bajos recursos quiere construir de forma sustentable y segura —captación de agua, paneles solares, cimientos adecuados—, pero el gobierno no les da la capacitación ni el soporte técnico para lograrlo. No es falta de voluntad ciudadana; es ausencia de Estado.
Empezar de nuevo, pero bien
Lejos de quedarse en la crítica, la mesa cerró con una hoja de ruta para cuando el proceso se reinicie desde cero. Cuatro acuerdos resumen el «cómo sí»:
Si algo dejó claro esta primera mesa es que repensar la ciudad no es un ejercicio técnico que se resuelve corrigiendo un documento. Es una cuestión de legitimidad, derechos y visión de territorio: planear con quienes habitan la ciudad, y no a pesar de ellos.
La conversación continúa: la Mesa 2
El foro tuvo una segunda mesa, dedicada a los retos jurídicos e institucionales para formular el PGD y el PGOT. Ahí, la Mtra. Mónica Tapia diagnosticó los procesos fallidos del IPDP y propuso una Ley de Ordenamiento Territorial con categorías de suelo «continuas» —de la preservación de la biodiversidad al límite periurbano—, un instituto de planeación con autonomía real y sistemas de datos abiertos para la denuncia ciudadana. El urbanista Alfonso Chávez Muñoz (UAM) aportó la mirada metropolitana: recordó que la ciudad «básicamente no tiene ley» de ordenamiento, que planear por límites administrativos ignora que la CDMX es parte de una sola cuenca de más de 20 millones de habitantes, y que conviven más de 700 nomenclaturas de uso de suelo que vuelven incomprensible el marco técnico. Desde el público se sumaron temas como eliminar la afirmativa ficta, los derechos territoriales de los pueblos originarios y una idea de patrimonio ampliada al arbolado urbano y a la salud mental del espacio habitable.
Ver la Mesa 2 completa →📄 Para profundizar: revisa las recomendaciones ciudadanas para el ordenamiento territorial de la CDMX, una propuesta concreta para que la gestión integral de riesgos ordene dónde y cómo se construye en la ciudad.
#CDMXresiliente #RepensarLaCDMX
Esta relatoría se basa en la primera mesa del foro «Repensar la CDMX», organizado por el Programa Universitario de Estudios Metropolitanos. Puedes ver la sesión completa en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=wFrAbE6CU1Y
Mesa 2